El reciente llamado de El Nuevo Día a comentar sobre la nueva regla del Departamento de la Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos (HUD, en inglés), relacionada con límites de tiempo en vivienda pública, incluyó una recomendación de comentar en inglés, porque es el idioma de HUD, o utilizar una herramienta de traducción como Google Translate o DeepL.

Puerto Rico está sujeto a decisiones federales que afectan directamente la vida de su población, pero la mayoría del pueblo no puede participar plenamente en discusiones públicas, opinar sobre regulaciones y acceder a información sin depender de traductores, consultores, abogados o funcionarios porque no domina el inglés.

El problema no es el español, sino la incapacidad del sistema educativo puertorriqueño para formar ciudadanos bilingües. No se trata de falta de recursos ni de exposición a Estados Unidos. Después de más de un siglo de relación política con Estados Unidos, su influencia es innegable. El problema es la politización del inglés en la isla.

Durante décadas, el inglés ha sido tratado como símbolo ideológico—ya sea como imposición colonial, amenaza cultural o aspiración a convertir a la isla en un estado—en lugar de asumirse como el idioma en que opera el poder federal que decide sobre vivienda, salud, educación y fondos públicos.

El contraste entre otros territorios de Estados Unidos y Puerto Rico es revelador. En Guam, las Islas Vírgenes, Samoa Americana y las Islas Marianas del Norte, el inglés es el idioma de gobierno, aunque existan lenguas nativas en la vida diaria.

Yo leo los periódicos de Guam y las Islas Vírgenes para compararlos con la situación política de Puerto Rico porque soy bilingüe. Experimentan problemas similares, pero no percibo malos entendidos significativos con Washington y el pueblo puede lidiar con el sistema federal directamente.

Sin embargo, en 2024, la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS, en inglés) reveló que apenas un 22% de los residentes de Puerto Rico habla inglés “muy bien.” La politización de la educación le está pasando factura al pueblo puertorriqueño en momentos de crisis y eso influye hasta en la economía.

El inglés es el idioma predominante en las ciencias, la tecnología, la diplomacia y la economía global. Gran parte de la producción científica y técnica se publica originalmente en inglés.

El español también genera conocimiento, pero el inglés funciona hoy como el principal medio de difusión global. ¿Usted se imagina la ventaja de acceder al conocimiento recién salido de la fuente original, en cualquiera de los idiomas, sin traducción?

La mayoría de los puertorriqueños que se mudan a Estados Unidos enfrentan barreras similares a las de extranjeros recién llegados, aun siendo ciudadanos estadounidenses por nacimiento, porque Puerto Rico no los preparó adecuadamente. Los residentes de los territorios no enfrentan dificultades de la misma manera.

Los proyectos de educación bilingüe en Puerto Rico se implementan como programas pilotos, pero no se les da continuidad cuando cambia el gobierno. Y el presupuesto para ellos, que casi siempre es federal, termina utilizándose en vano. La clase política de Puerto Rico ha funcionado bajo la expectativa de que el flujo de dinero desde Washington será permanente.

Sometí un comentario enfocado en el impacto de la nueva regla en el trabajo administrativo de las agencias de vivienda a nivel nacional. La rotación constante de inquilinos aumentaría el trabajo de selección y colocación de nuevos residentes, incluyendo la inspección y el mantenimiento de las casas.

Sin embargo, les corresponde a los residentes de Puerto Rico y al personal del Departamento de la Vivienda expresar cómo esta medida afectaría específicamente su realidad, ya que no vivo allá ni puedo hablar por ellos.

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