Vivir en Estados Unidos con ayudas no es lo que mucha gente en Puerto Rico imagina. Desde afuera, parece que uno está “resuelto” porque hay subsidios, descuentos y programas. Sin embargo, el problema no es la falta de ayudas, sino el costo de vida aun con ellas.
Durante ocho años viví en vivienda pública en Boston. Allí la renta estaba controlada y los servicios básicos estaban incluidos. Eso me daba estabilidad, pero era a expensas de la comida.
Boston es una ciudad carísima sin supermercados asequibles. Para que el dinero rindiera, tenía que saltar una comida y comprar alimentos menos nutritivos, que son más baratos. Mi diabetes no surgió de la nada.
Luego me mudé con Sección 8 a un municipio de las afueras. Allí encontré supermercados más baratos y mejor acceso a alimentos. Esta vez, el cambio fue a expensas de pagar electricidad, gas y agua por mi cuenta.
En Estados Unidos, no pagar los servicios públicos puede ser motivo de desalojo. Y las facturas no solamente incluyen el consumo, sino cargos fijos, infraestructura, impuestos y otros costos que tienes que pagar, aunque uses poco.
A veces me pregunto si los conductos del alcantarillado, las tuberías del gas o los cables eléctricos transmiten oro y por eso son tan caros.
Aunque recibo descuentos por bajos ingresos, no siempre compensan los costos altos. El año pasado me aumentaron el descuento en electricidad a un 71%, lo cual ayudó, pero ese tipo de programa depende de decisiones políticas y no es garantizado a largo plazo.
Además, con Sección 8 existe la idea de que uno puede mudarse cuando guste si no le gusta un apartamento, aunque no es tan sencillo. Mudarse requiere fianza, costos de mudanza y gastos iniciales. En adición, hay que aprobar verificaciones de crédito y referencias de vivienda.
En mi caso, en una región tan cara como Boston, aun en las afueras, necesitaría un mínimo de $2,400 para la fianza equivalente a un mes de renta sin subsidio, más el costo del transporte de la mudanza, que podría fluctuar entre $500 y $800.
O sea, las mudanzas en Sección 8 son posibles, pero requieren liquidez inmediata y el costo dependerá de los precios en la región.
El acceso a la salud también tiene limitaciones. Aunque tengo un Medicare Advantage que combina Medicare y Medicaid en un solo seguro, no consigo dentista que lo acepte porque el estado adeuda dinero a los proveedores.
La situación con los dentistas sería entendible en otros estados con menos recaudos, pero se trata de Massachusetts, con impuestos astronómicos para financiar su reforma de salud.
Mucha gente en Puerto Rico asume que mudarse a Estados Unidos automáticamente mejora la calidad de vida y no es así. Estados Unidos no es un país uniforme. Todo depende del estado y la ciudad.
Mi recomendación para quien esté considerando irse de Puerto Rico es que investigue más allá de las anécdotas de otras personas.
Los puertorriqueños profesionales deben analizar el mercado laboral en su campo en la localidad que le interesa, en lugar de asumir que habrá oportunidades en cualquier parte.
Massachusetts es para médicos, ingenieros, científicos, directivos de bancos y otras profesiones de altos ingresos. Escoja otro estado si usted es maestro, enfermero, policía o conserje.
Para quienes buscan servicios de salud, los estados del norte tienen sistemas robustos, pero congestionados. Establecer cuidado primario puede tomar meses, incluso con seguro.
Florida, aunque es un destino popular entre puertorriqueños, funciona mejor para empleos no diestros de baja paga como el turismo, restaurantes o centros de llamadas.
Después de 19 años, a veces siento el impulso de regresar a Puerto Rico porque hasta hablar inglés todos los días ya me pesa. Y peor, sintiéndome extranjero en un país del que nací ciudadano, y eso no desaparece con los años.
No obstante, el regreso a Puerto Rico implicaría empezar desde cero a nivel económico y dentro de un sistema de salud más débil. Aunque mi prioridad no son los beneficios, la salud no es negociable cuando uno sufre de condiciones crónicas y eso aplica a dónde sea que me mude.


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